DATOS HISTÓRICOS DE ETXAURI Y LA ESCALADA NAVARRA
(1ª Guía de Escalada de Etxauri, 2ª edición publicada por el GEDNA).

Innumerables vestigios corroboran la presencia del hombre de todas las épocas entre este salvaje roquedal de Etxauri. Restos de cerámica prehistórica, pinturas neolíticas, escaleras talladas en la roca, hasta una piedra que muy bien pudo ser un altar de sacrificios. Lugares examinados por el Dr. Maluquer, experto en prehistoria de la Universidad de Barcelona. Respecto al supuesto altar de sacrificios, recuerdo que el citado Dr. nos dijo, que el hallarse en las proximidades, las ruinas de la ermita de San Kiriako, demuestra que antes del advenimiento del cristianismo tenían allí lugar ritos paganos. Pues aquel lugar está escondido y alejado de toda vía lógica de comunicación, para levantar una ermita. Lo más probable es que la iglesia cristianizase un rito pagano existente ya, como tuvo que hacer en tantos lugares.

En el Huso

Pero sin trasladarnos a tan oscuras épocas nos encontramos con otro misterioso asunto. La Cruz de los Cencerros. Esa cruz que se yergue altiva, a la vista de todos, en el borde oriental de su cumbre, semejante a un gigantesco torrean del Medievo. Esta Cruz ha desafiado todas las preocupaciones y consultas a viejos archivos que se han hecho, en busca de su origen y motivos de su erección.

Veamos lo único que sabemos. Corría el año 1902 cuando los vecinos José Irujo y Eustaquio Lacunza de Etxauri, con Domingo Pello de Ciriza, sienten la curiosidad de conocer la cumbre de la desafiante peña, a cerca de la cual ya se hablaba que hacía muchos años habían subido a ella dos canteros, que por allí habitaban. De aquí le viene el nombre de Peña del Cantero o de los Canteros.

Esta peña está defendida por paredes de una verticalidad absoluta, que oscilan entre el centenar de metros y la cincuentena. Su parte más accesible es por la horquilla que forma con la Peña de San Kiriako. Para llegar a la base de esta horquilla hay que franquear la Grieta, abismo que había que pasar con un buen salto, en la actualidad existe un puente metálico colocado por el GEDNA. De éste por la terrazas de la cara sur se llega a la base de la horquilla, de aquí hay unos cuarenta metros hasta la cumbre. Al principio una chimenea de unos 10 mts. fácil por la abundancia de presas, conduce a la horquilla, fantástico y aéreo balcón sobre la cara norte. Aquí fue donde con indomable valor fueron acuñando maderos entre las dos paredes, hasta llegar a la terraza de la vía normal del Cantero, de aquí intentaron llegar a la cumbre con la ayuda de una escalera, pero quizás debido a la falta de cuidado, desprendieron un bloque que estuvo a punto de trocar el intento en tragedia; de los 22 peldaños de la escalera arrancó cinco de cuajo y resquebrajó uno de los tablones antes de proseguir su loca carrera en el vacío. Ante tamaño susto y aconsejados por los vecinos del pueblo que estaban observando por allí cerca, deciden dejarlo para mejor momento.

Pero… había que subir a la peña.

Vuelven a los pocos días con la escalera reparada y esta vez con mejor fortuna consiguen hollar la cúspide. Sin embargo, han tenido que abandonar la escalera (sólo llegaba hasta la babaresa que conduce a la terraza final) y en escalada totalmente libre terminan los últimos metros de la vía normal. Una vez arriba, buscan entre los chaparros y encuentran la cruz que ya suponían que existía. Ésta es de hierro y llevaba grabada la fecha de 1728, cosa que plantea una serie de enigmáticas preguntas. ¿Cómo lograron subir aquellos canteros? ¿Por qué la subieron? La estancia en la cumbre la aprovecharon también para cortar los pequeños chaparros que allí crecen tirándolos al vacío por la cara norte. Descienden con la cruz, que reparada y puesta la nueva fecha de 1902, es subida al día siguiente.

Cruz de los cencerros

La cruz vuelve a ser bajada en el año 1947 dado que los hermanos Emilio y Braulio Jaunsarás y Benito Andueza, ascienden con una cordada militar y la bajan al pueblo, donde el herrero Calixto Arbizu le añade la tercera fecha en una placa.

En el año 1959 fue descendida por última vez por una cordada de escaladores del Club Deportivo Navarra, al objeto de arreglar las esquilas de sus brazos, siendo depositada de nuevo en su sitio sin poner fecha esta vez.

Del relato anterior se deduce la imposibilidad de fijar la fecha de la primera ascensión a esta cumbre y mucho menos tratar de conocer a sus autores. Sólo podemos aseverar que la primera ascensión data de 1728 o quizás antes. ¿Pero cómo subieron? Ante la dificultad técnica de la vía normal nosotros nos hemos resistido siempre a creer, que pudieran subir sin más, si suponemos que en aquellas lejanas fechas se hallaba la roca como hoy. Creo que lógicamente, no queda más remedio que pensar que entonces existían bloques, cornisas o árboles que posteriormente se desprendieron.

Tampoco tenemos constancia de fechas y nombres de la primera cordada de escaladores que ganó su cumbre, el dato más antiguo que hemos encontrado es el del descenso de la Cruz en 1947 por la cordada militar y los agregados de Etxauri, sin embargo, sabemos que si otra cordada subió antes sería también militar. La primera que conocemos de escaladores es la que formaban Pedro Echalecu e Isaac Santesteban en el año 1955. Después los escaladores del Club Deportivo Navarra, del Grupo dirigido por Ángel Asiain subirían varias veces por su vía normal.

Pero dejemos a parte estas historias del Cantero; las primeras clavijas aparecieron en Etxauri en el año 1946. Fueron las que tintinearon y fueron clavadas por Juan Caballé en su conquista del Huso el día 16 de agosto de 1946, en compañía de Sorolla y Magriña.

Los montañeros del C.D.N., conocían por sus andanzas, los monolitos y agujas de las montañas navarras. Uno de ellos, Víctor Miguel López, conocía al escalador catalán Caballé y le invitó a venir con sus compañeros. Éstos además del Huso, conquistaron el Monolito de Leyre y la arista de la Hermana Mayor de Irurzun. Pero lo importante fue, que gracias a este contacto, los compañeros de C.D.N. decidieron crear un Grupo de Escalada. Con mucho entusiasmo, algo de técnica aprendida de Caballé y un material rudimentario se lanzaron a la conquista de las agujas navarras (la Rueca, tercera al Huso, Anchoriz Putrenaiza y Buena Moza). Pero al cabo de un año, el Grupo paralizó sus actividades, en parte por abandonarle el animador del mismo: Patxi Alcorta. Hay que considerar también la incomprensión de la época y la “clandestinidad” de la mayoría de ellos.

En 1954 un nuevo grupo de amigos del C.D.N. capitaneado por Pedro Echalecu e Isaac Santesteban, aparecen por Etxauri. Escalan el Huso, el Cantero y hacen la primera el Kiriako. Pero éstos se dedican luego a la espeleología. En 1956, otro grupo de amigos del mismo Club; Ángel Asiain, Miguel Ángel Albero y Alejandro Tapia, empiezan a tantear las rocas. Son unos autodidactas, pues sólo Asiain tiene unos rudimentos aprendidos en el ejército. Con voluntad progresan y en sus primeros éxitos se les une José Mª Saenz, que luego les deja por la espeleología. Pronto se juntaran con una nueva cordada, la que forman Roberto Carballeda y José A. Vidaurreta. Formaron los cinco un grupo muy unido, que denominaron “El Equipo Italiano”. La actividad de este grupo de amigos es muy notoria hasta 1960. Es ploraron sistemáticamente las rocas de Etxauri, conquistaron los monolitos que permanecían vírgenes y trazaron alguna vías que serían tan clásicas como la Chimenea, norte de Cantero. De este grupo fueron nombrados en 1958, los dos primeros instructores de la ENAM para Navarra: Asiain y Carballeda. En 1958 se organizó el primer cursillo en Etxauri; en el que colaboró el C. D. Irrintzi, con una cordada que se había formado a la vez que el Equipo Italiano. La de Ildefenso Eguaras, Domeño y Mikel García. Este último llamó la atención por sus maravillosas facultades, puestas de relieve en la difícil vía que abrió en el Monolito de Leyre, por la fisura que rechazó el primer intento de Caballé.

Adam Ondra en Etxauri

De los adeptos surgidos en los dos primeros cursillos de la ENAM (luego hubo varios años sin cursillos por falta de inscritos) sólo dos lograron una afición suficiente para perseverar y seguir perfeccionándose: Daniel Vidaurreta y Marcos Feliú. Daniel Vidaurreta, que pronto alcanzó un gran historial de alta montaña, fue presidente durante muchos años del GAME Navarro y del C.D.N., fue también promotor y jefe de las dos primeras expediciones navarras al Hoggar y a Groenlandia. Marcos Feliú, con la ayuda de sus hermanos y otros amigos, funda (1962) el GEDNA, en el seno de C.D.N., en el momento en que desaparecía el Equipo Italiano; grupo que presidirá durante diez años. Dirigió así mismo el inicio de la Delegación Navarra del GAME y dirige aún la ENAM Navarra. Por todos estos trabajos, sus compañeros le dedicaron el Refugio de Etxauri inaugurado en 1971, en la conmemoración de las Bodas de Plata de la Escalada Navarra.

Las cordadas del GEDNA, en sus inicios trazaron por Etxauri vías cortas, pero con el desarrollo del grupo, las vías devinieron más largas y difíciles, y las cordadas más audaces. Iñaki Tapia, primero con Victorino Etxauri, y luego con Carlos Santaquitaria, abrió muchas vías de gran calidad, que habían de potenciar el impulso actual del grupo. Hito en la escalada de Etxauri, fue la conquista de la cara norte del Cantero, vía Javier Auzmendi. Itinerario tentado por varías cordadas y que fue finalmente vencido por Gregorio Ariz y José Mª Tabernero.

Actualmente, Etxauri es un lugar muy concurrido, en donde a las cordadas del GEDNA (hoy el Grupo de todos los escaladores de Navarra) se unen las de las provincias vecinas. Ya no es aquel lugar áspero, solitario y misterioso que era… antes de que llegaran los escaladores.

Iruña 1977
Autor del texto: Marcos Feliú